EL SASTRE GEÓMETRA

Cunqueiro cuenta la historia de un sastre científico y geómetra que, razonando, razonando, llegó a la conclusión de que no habiendo en el cuerpo humano ninguna linea recta no había razón alguna para cortar los patrones de los trajes con regla y en ángulos. Así tomaba las medidas a la parroquia con compás y cortaba los paños atendiendo a los radios, las secantes y los arcos, todo ello, para mayor precisión, usando tres decimales de Pi. Sorprendentemente sentaban mal una vez puestos y no se ajustaban nada al cuerpo pese a sus muchos esfuerzos y los detallados cálculos con decimales.

A mi también es cosa que me deja perplejo porque mirándole el culo a una moza o la barriga a un cervecero la confección a base de curvas, el patronaje fundado en Pi, la razón del círculo, es asunto que a la vista se evidencia el camino correcto. Yo sigo pensando que a la ciencia sartoria se ha prestado poca atención por la parroquia científica y que, de haber sido el caso contrario, se podría haber descubierto una especie de razón áurea, de canon geométrico que reconociese el valor de la intuición del sastre de Cunqueiro. Es evidente que no iba a ser tarea fácil. Uno le mira el envés a una moza y ve la curva cóncava de la espalda y cómo se va deslizando y transformando en la del culo convexo y ha de reconocer que no es tarea fácil discernir dónde termina la una para empezar la otra. El raciocinio científico, planteado que le sea este dilema, yerrará cien veces de cien y cien eruditos que opinen nos darán cien distintas opiniones.

Otra cosa es la intuición, que en las cosas del corazón, y posiblemente en las del culo, es guía más fiable. Así, si uno cierra los ojos y desliza lentamente la mano por la espalda, dejando bajar las yemas de los dedos rozando apenas puede sentir Pi, el coseno, las hormonas y la madre que la parió. Se agolpan, digamos, toda una serie de emociones que la ciencia obvia y quizá, sólo quizá, son las que el sastre del que habla el de Mondoñedo andaba buscando. Esas sutilezas, pienso yo, posiblemente requieran muchos más de tres decimales y un simple compás a la luz de un candil.

Hoy se le ha dado una solución burda al problema, obviando el conocimiento, la fórmula y el decimal y optando por una aproximación practicona a base de tejidos que se estiran y ajustan solos. Al sastre, no obstante, le habría gustado ver la lycra de las bragas, el spandex de los bikinis y el látex de la parroquia prona a la escena BDSM. La solución de cómo cubrir con triángulos una superficie curva, objeto de sus preocupaciones, estudios y desvelos, la hemos aproximado, que no solucionado, con telas que se estiran. Yo estoy convencido que al sastre, como a cualquier varón sano, le habría gustado ver a las mozas en bikini en la playa y, posiblemente, a Cunqueiro contarlo.

6 thoughts on “EL SASTRE GEÓMETRA

  1. Pues en cuanto termine un par de libros que tengo por la mitad, me pondré con Cunqueiro, que no había leído nada de él, y con estos textos de usted, me ha entrado la curiosidad por sus textos.
    Estoy segura , por las alusiones a él que usted deja caer , de que lo voy a disfrutar.
    Fijo . Y muchísimo más que esos del Canon obligatorio… ( El de “Julia o la soledad irremediable” de Baroja lo voy a terminar, pero me parece un rollo macabeo ).
    Y muchas gracias.

  2. En nuestro cuerpo de hombres humanos, nos dejamos de curvas y vamos a por la línea bien recta y planchada almidonando cuellos hasta que el Armani italiano rompió hombros y rigideces.
    Con las doñas ya es otra cosa, pero para ello, además de tejidos citados, se inventó el corte al bies. Que inventara la madame Madeleine Vionnet y que magistralizara Monsieur Balenciaga.

    • Estábamos con las rigideces hasta que Armani quitó los forros de las chaquetas, vaciando las solapas y las hombreras, pero no sé yo desde cuándo. Si uno mira a los caballeros medievales enfundados en sus armaduras estas eran todas pura curva, cáscaras de huevo para las barrigas hinchadas de los nobles bien alimentados. El sastre o bien estaba atrasado a su tiempo o muy adelantado.
      Por cierto, qué bien suena lo de “corte al bies”.

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