TOCAR TIERRA Y ECHAR UN POLVO

El amor se mueve en un espacio inconcreto entre la poesía y la ginecología. Empezar en la poesía e ir bajando es perderse. Los seres amados, indefectiblemente, ni tienen rimas bonitas ni respetan la métrica. Es mucho mejor quererlos empezando por lo concreto e ir elevándose, construyendo sin olvidar la realidad. Pero empezamos a leer poesía, y lo que es peor, a escribirla, antes de haber amado y follado y vivido.

En la política ocurre exactamente lo mismo, antes de tener edad de votar, de haber trabajado o conseguido algo empezamos a coquetear con las ideologías. Los grandes principios deberían surgir y elevarse, sólo un poco cada vez, por encima de las cabezas de los hombres, no caer desde el cielo de las ideas para amoldarnos a todos, que es como nos vienen. Las ideologías no son más que una combinación malsana de sentimientos fuertes e ideas débiles, como dejo dicho Revel. Son una chulería pseudointelectual y sentimentaloide que afirma tener todas las respuestas a todas las preguntas, las actuales y las futuras. Cómo diferenciarlas de una religión es asunto que se me escapa.

Ambas suelen combinar una obsesión por la pureza y el consecuente pecado, una escatología, tabúes, observancias semanales y rechazo de las evidencias contrarias a la teoría/creencia. Esto está pasando. El pueblo virtuoso, los pecadores propietarios, la creencia en un futuro venturoso si se siguen las reglas nuevas o el infierno en la tierra si no, Círculos semanales asamblearios como reuniones parroquiales, rechazo absoluto a la evidencia de que esas recetas han fracasado antes sistemáticamente. Las religiones e ideologías para sobrevivir, siquiera temporalmente, han de imponerse a la realidad intentando cambiarla sin respetarla y, en ultimo término, si fuera imposible, negándola.

Aquí somos muy de religiones. Quizá como en todas partes. En la Polinesia, tras la Segunda Guerra Mundial, se revitalizaron los Cultos Cargo. Abrumados por la abundancia de cosas de todo tipo que llegaban en barcos y aviones militares y la abundancia por goteo que a los indígenas produjo toda esta actividad, nada más acabar los deificaron. Hay fotografías en las que un tipo sentado en una caseta de caña, con unos medios cocos con unas falsas antenas de madera habla a un micrófono falso, al lado de una pista de aterrizaje iluminada con hogueras. Ellos lo hacen todo igual, pero los aviones de la abundancia no llegan, pero aún así, repiten. Las diferencias entre esto que nos parece ridículo y lo que nos muestra la película Bienvenido Mister Marshall, retrato de un país, es meramente cosmético, no de esencia. Mr. Marshall no vendrá porque lo llamemos, porque Mr. Marshall no existe, como no existen las soluciones milagrosas.

La política se mueve entre el deseo y la realidad, y no tiene rimas bonitas. Cada vez que alguien hable del futuro venturoso, el amor perfecto, más vale tocar tierra, echar un polvo e implicarse seriamente en todo lo demás, guardando florituras, poemas y grandes sueños para decírnoslo al oído, fumando sudados un cigarrillo.

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