NOS CONFUNDIMOS

Un hotel más y van cuántos, una noche más y son pocas, un cigarrillo nuevo en tu boca y una gota reciente de sudor en mi pecho. El aire que entra, o que sale, por la ventana mueve la cortina, y ésa es toda la paz que hoy hemos tenido, la tranquilidad que no queremos, no queríamos, pero que el cansancio nos hace añorar. Todo lo que no se mueve o lo hace despacio nos recuerda el peligro de la rutina, de la costumbre. No lo hablas y no lo digo, pero ambos lo sabemos.
Una cama más y son docena, un revuelto de sábanas y son muchos más. Se escapan tus piernas y descubro despacio tu culo mientras simulas dormir vencida por el calor y las muchas horas del día. La obsesión no es más que una curiosidad congelada y podría quedarme a vivir en cada instante de todo ese tiempo o en cada pliegue de la piel que despacio desvelo. Vivir para siempre en los detalles de tu cuerpo aunque tengo la sensación de ocuparlos desde el principio del tiempo.
El frío hace evidente el espacio entre las cosas. El calor confunde las formas y nunca se sabe dónde empiezan y dónde acaban, cuales son sus contornos. Así no sé, mientras baja por tu espalda, dónde acaba mi mano y dónde empieza tu culo. Entremedias una humedad animal que no sé si es tú o soy yo o qué importa. Estamos vencidos por vez primera desde hace mucho tiempo, desde siempre, quizá, y nos confundimos desdibujándonos, a la espera de la mañana que aún no se adivina pese a estar cerca.
Podría quedarme en esa espera para siempre.

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