GÉNESIS

Y al principio fue la nada. Y ella se hizo carne. Nueva, temblorosa y temerosa. Y Él dijo: Ábrase la carne y la carne se abrió. Y, como una fruta fresca, se abrió la carne y la herida, y el pozo de la unión y la perdición fue revelado al hombre. Y a las curvas del valle del culo las iluminó la luz del sol. Y la luz que no era nueva a todos los allí congregados pareció nueva. Y el aire, que era viejo y rancio, fue por todos sentido como fresco y fragante. Y Él pensó: Esto es lo que quiero, y es bueno y agradable, y un regalo y una tierra prometida. Y la carne abierta e iluminada a la vista de los hombres, temerosa y azorada, tembló y ellos, temerosos y azorados, temblaron con ella. Y Él dijo: No sintáis temor, sois la carne y el ansia, las curvas y las líneas elegidas. Yo os ofrezco la alianza eterna. Si así me aceptáis en vuestra alma y cuerpo y obráis según mi deseo hollaréis el paraíso y seréis hollados en él. En vuestro interior brotarán dulces manantiales de leche tibia y oiréis vuestras voces balando como corderos. La carne se ensanchará y con ella tu alma. Entrégate. Yo desharé el nudo que te aferra y te abrirás a Mí y correrás, por dulces prados. Y diciendo esto Él ungió su dedo con óleo y acercándolo a la carne y lo acarició y una calma maravillosa la atravesó y conoció la gracia y supo que era bueno y su alma no se saciaba. Y en la carne y atravesándola sintió la alianza prometida y el paraíso y deseó sentir brotar los manantiales de leche y el éxtasis de la unión. Y entregándose sellaron la Alianza prometida. Y los manantiales del paraíso se desbordaron en su interior. Y ambos se hallan desde entonces unidos en la tierra prometida y ambos son Uno.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.