NO SEAS COÑAZO


Alvy Singer, el alter ego de Woody Allen en Annie Hall, divide a los hombres que vamos cumpliendo años en tres grupos, el calvo viril, el canoso distinguido y el baboso que entra en los bares con una bolsa de la compra y predica el socialismo. Entre A y B no es posible elegir, son los genes de tus padres los que te determinan. De la C sí se puede huir y caer en ese hoyo es siempre decisión personal, al igual que es responsabilidad de uno caer en una u otra de las muchas plantas del infierno. Ser un coñazo es imperdonable y estoy seguro de que en el más allá están muy mal vistos. Yo, el más allá, lo imagino como una enorme sala de espera con música ambiente amelódica y repetitiva, con revistas del corazón caducadas e inundado de luz parpadeante de fluorescentes. Una eterna espera por el juicio final, siempre aplazado por la falta de un testigo, una citación que no consta, una baja de un funcionario. Un compañero de infierno coñazo, en estas circunstancias, lo intuimos insoportable. No sea usted un socialista coñazo, con o sin bolsa de plástico, reciclada o reciclable, porque es el personaje que más merece el rechazo social aquí y más allá.